martes, diciembre 20, 2011

Publicar fics me estresa

Y mucho, además. Los títulos siempre me parecen horribles, los resúmenes se me pasan de palabras y cada vez que marco la categoría Romance/Humor me siento encasillada. Aunque hace tiempo que tengo asumido que lo mío no es escribir drama. Ni misterio, ni acción, ni... bueno, ni nada que se aleje de la comedia romántica.

¿A qué viene el desvarío? A que me toca subir un nuevo fic. El primer capítulo está ya terminado (¡por fin!). Queda revisarlo por enésima vez, rebuscar en mi mente a ver si se me ocurre un título mejor (seguro que no) y pelearme con el panel de fanfiction.net. Ah, sí. Y aguantarme los nervios típicos del estreno.

Mientras tanto, un pequeño vistazo al nuevo Edward. Muy distinto al del mis anteriores fics.

* * *
—Te veo cambiada —dijo, ignorando mi último comentario.
Hice desaparecer las últimas cintas de espumillón en uno de los cajones de la mesa, antes de reincorporarme para volver a encararle.
—Debe de ser el despacho —comenté, encogiéndome de hombros en un intento por aparentar indiferencia.
Edward Cullen se limitó a observarme sin mediar palabra, inclinando ligeramente la cabeza hacia un lado. Su expresión era impenetrable y absolutamente imposible de descifrar, pero me pareció captar la sombra, apenas perceptible, de una sonrisa en sus labios. Y aquello era lo peor que podía ocurrir. Sabía cómo enfrentarme al cabrón arrogante, pero su faceta de capullo seductor era todo un enigma para mí. Cuando los comentarios insolentes se convertían en frases con doble sentido y las miradas duras se transformaban en medias sonrisas perfectamente calculadas, me encontraba completamente perdida.
Además de jodida. Muy jodida.
—Hmm, no —murmuró al cabo de unos segundos—. No es el despacho, es otra cosa. Déjame pensar —pidió, componiendo una falsa mueca reflexiva que inmediatamente se transformó en una breve sonrisa burlona—. Ah, sí. Ya sé. Es la ropa. La última vez que te vi, no llevabas tanta encima.

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