domingo, marzo 17, 2013

Adelanto MAS: Capítulo 23. La boda

—He venido por Emmett —concedió Edward y no pude hacer otra cosa más que abrir los ojos, sorprendida por su confesión—. Pero también he venido por ti.

—¿Por mí? —repetí, y me odié a mí misma por el temblor de mi voz.

Edward asintió, esbozando una sonrisa enigmática. Sin añadir nada más, tomó la bolsa de papel que había dejado sobre el mostrador de la joyería y se llevó la botella de vodka a los labios para darle un largo trago.

—¿Qué demonios significa eso? —quise saber.

Volvió a dejar sobre el mostrador la botella, cubierta por la bolsa de papel. Ladeó ligeramente la cabeza y me observó durante un par de interminables segundos que volvieron a dejarme sin respiración, todavía con aquella sonrisa tentándome desde sus labios.

—Significa que te has escondido de mí durante dos meses y ya estoy harto —comenzó a hablar en un susurro cálido, al tiempo que daba un paso hacia mí—. Significa que he echado de menos tu insolencia y tu asombrosa habilidad para llevarme la contraria y sacarme de quicio.

Un paso más. Otro. Mi corazón se saltó un par de latidos y su rostro quedó a escasos centímetros del mío.

—Significa que no me he olvidado del modo tan rudo en que me echaste del coche de Jasper aquella noche.

Abrí la boca de forma involuntaria y sentí su aliento cálido. Si me concentraba, podía incluso recordar el sabor de sus labios sobre los míos. Estaba cerca. Demasiado cerca.

Tan cerca.

—Pero, sobre todo —volvió a hablar, derramando sus palabras sobre mi boca entreabierta—, significa que quiero saber cómo coño eres capaz de decirme que me quieres, cuando es evidente que nunca has confiado en mí.

domingo, febrero 17, 2013

Adelanto MAS: Capítulo 22. La proposición

Estaba loca. De remate. En algún rincón de mi corazón, sentí algo de compasión por ella. Y eso me hacía sentirme moralmente superior. Se había quedado sin trabajo y sin vida social. Pero seguía teniendo un par de piernas kilométricas y a Emmett. Quizás eso explicaba lo increíblemente irritante que era. Quizás acababa de darse cuenta de que en esta vida no se podía tenerlo todo. O trabajo y vida social, o piernas kilométricas y un novio.

O quizás es que simplemente era insoportable y el estar pasando por un momento jodido en su vida la hacía aún más difícil de aguantar.

Me inclinaba por la segunda opción.

Volví a concentrarme en mi Cosmopolitan, con el firme objetivo de largarme de allí en cuanto lo terminara. La cuenta se la dejaba para que la pagara ella. Pero, justo entonces, Rosalie volvió a abrir la boca.

—¿Le quieres?

Definitivamente, me iba. ¿Por qué coño no me estaba moviendo ya?

—No hablo de él —respondí, vocalizando las palabras lentamente—. No pienso en él.

Rosalie volvió a reír entre dientes, mezclando la burla con la más irritante condescendencia.

—Le quieres.

Guardé silencio. Porque eso ya no importaba. Y porque, después de todo lo que había pasado, Rosalie Hale era la última persona sobre la faz de la Tierra ante la que querría admitir algo así.

—¿Sabes? —volvió a hablar al cabo de un par de segundos, removiendo con parsimonia el contenido de su copa— Si no fueras tan cobarde, puede que me cayeras bien. Aunque tampoco estoy muy segura de ello.

Sin decir nada más, le dio un último trago a su copa, dejó un par de billetes sobre la barra y se largó de allí.

sábado, febrero 09, 2013

Adelanto MAS: Capítulo 21. La ira

Volvió a acercarse a mí y, con cautela, colocó una mano sobre mi cuello.

—Yo me ocupo de la prensa, Isabella. No dejaré que te hagan daño.
—Tarde —mastiqué con rabia, moviéndome un par de centímetros hacia atrás, los suficientes para perder el contacto con su piel; su mano ardía sobre mi cuello y no me dejaba pensar con claridad—. Los periodistas ya me esperaban a la salida de la oficina. Mi apartamento está sitiado por fotógrafos y Jasper ha tenido que esconderme en el suyo. Y mientras en las revistas no para de indagar sobre mi y de inventarse espantosas mentiras sobre mi pasado, tú te ocultas aquí, esperando a que sea yo quien te encuentre. Eso no es ocuparse de una mierda, Edward. Eso es ser un cobarde.

—Joder —masculló él entre dientes, más para sí mismo que para mí—. No pensé que fueran tan rápidos…

—No me jodas, Edward —dije con brusquedad, harta de su falsa ingenuidad—. Llevas toda tu vida lidiando con la prensa. ¿Qué creías que iba a pasar después de que les dieras mi nombre? ¿Y porqué creíste que era necesario? Me hubiera dado por aludida aunque no lo hubieras hecho, te lo aseguro.

Él se encogió de hombros, llevándose la mano al pelo de nuevo en ese gesto que denotaba nerviosismo e inseguridad.

—Creí que estaba siendo romántico.

Un suspiro de rendición se escapó de mis labios al verle ahí parado, sin saber qué hacer. Sin tener ni idea de la vida, ni del amor, ni de nada.

domingo, diciembre 30, 2012

Adelanto MAS: Capítulo 20. La respuesta

Jessica parecía incapaz de cerrar la boca. Mientras, en la televisión, Emmett Cullen anotaba su décimo tanto del partido y enfilaba a los Bears hacia la victoria, justo antes de que el árbitro hiciera resonar su silbato para marcar el final de la primera parte.
—¿Pero por qué…? ¿Cómo…? —balbuceó Jessica.

—Esperaba no tener que explicar el cómo. Y el porqué… —dejé escapar un bufido exasperado— bueno, ni siquiera yo entiendo el porqué. Aunque hubiera jurado que los empleados del Four Seasons fueron más discretos la última vez —añadí, rodando los ojos en un gesto elocuente.

—Precisamente por eso deberías haberle hecho caso a Edward —replicó Alice.

Volví a dejar la revista sobre la mesa y le di cuidadosamente la vuelta para no tener que seguir mirando la foto de Edward que aparecía en la última página. Incluso en blanco y negro y con aquella expresión hostil, seguía igual de guapo que siempre.

—¿De qué hablas? —pregunté, levantando la cabeza hacia Alice.

—De que la mierda está a punto de salpicarte —me advirtió—. Y de que lo que se te viene encima en cuanto descubran quién eres va a ser mucho peor que un artículo con el que rellenar una columna en la última página del periódico.

—El documento de confidencialidad —trató de aclarar Angela al reparar en mi mirada confusa—. Alice, Jessica y yo ya lo hemos firmado. Tú también tienes que hacerlo.

sábado, noviembre 10, 2012

Adelanto MAS: Capítulo 17. La fiesta

Alargó su mano para trazar el contorno de mi cintura con sus dedos. Aguanté la respiración, mientras sentía el tacto fantasmal de su mano recorrer mi cuerpo por encima de la tela del vestido. Y justo cuando estaba convencida de que iba a dejarse de preliminares para aferrar mi cintura con fuerza, retiró el brazo en un movimiento inesperado. 

—¿No tenías nada mejor que ponerte? —preguntó, mientras una sonrisa canalla revoloteaba en sus labios— ¿O es que pretendes lanzarme un mensaje subliminal?

—Día de colada. No encontré nada más en el armario y tuve que conformarme con esto —mentí descaradamente.

Lo cierto es que ese vestido era, con diferencia, lo mejor que tenía en el armario. Pero llevaba asociados demasiados recuerdos —los probadores de Saks, la fiesta de cumpleaños de Edward, el modo en que me lo quitó lentamente en la suite esa noche—, así que había preferido no volver a ponérmelo.

Hasta esa noche. Y ni siquiera sabía porqué lo había hecho. Puede que realmente estuviera tratando de enviarle un mensaje subliminal a Edward y ni siquiera yo me había dado cuenta de ello.

—Pues déjame decirte que te sienta demasiado bien —dijo, inclinándose sobre mí para susurrar unas cuantas palabras más en mi oído—. Esta noche estás preciosa.

Cerré los ojos, dejándome envolver por su calor y por su cercanía. Si hacía un esfuerzo de imaginación, podía borrar ese maldito anillo de compromiso y pensar que Edward era solo para mí.

Escuché con claridad como tomaba aire para hablar de nuevo, probablemente con la intención de relatarme con todo lujo de detalles cómo planeaba deshacerse de ese vestido. Pero no lo hizo. Mantuvo el aire en los pulmones durante un par de segundos eternos y luego lo dejó escapar lentamente.

Se estaba reprimiendo. Abrí los ojos y confirmé mis sospechas al contemplar su expresión, súbitamente contenida. Cualquier rasgo de diversión o provocación había desaparecido de su rostro y supe que estaba haciendo un esfuerzo por mantener las cosas entre los dos bajo control. Por no hacer de esa noche algo más difícil de lo que ya era de por sí.

Y eso me hizo caer rendida a sus pies un poco más.

—No sabes cuánto me cuesta contenerme cuando estoy a tu lado —confesó en un murmullo quedo.