domingo, diciembre 30, 2012

Adelanto MAS: Capítulo 20. La respuesta

Jessica parecía incapaz de cerrar la boca. Mientras, en la televisión, Emmett Cullen anotaba su décimo tanto del partido y enfilaba a los Bears hacia la victoria, justo antes de que el árbitro hiciera resonar su silbato para marcar el final de la primera parte.
—¿Pero por qué…? ¿Cómo…? —balbuceó Jessica.

—Esperaba no tener que explicar el cómo. Y el porqué… —dejé escapar un bufido exasperado— bueno, ni siquiera yo entiendo el porqué. Aunque hubiera jurado que los empleados del Four Seasons fueron más discretos la última vez —añadí, rodando los ojos en un gesto elocuente.

—Precisamente por eso deberías haberle hecho caso a Edward —replicó Alice.

Volví a dejar la revista sobre la mesa y le di cuidadosamente la vuelta para no tener que seguir mirando la foto de Edward que aparecía en la última página. Incluso en blanco y negro y con aquella expresión hostil, seguía igual de guapo que siempre.

—¿De qué hablas? —pregunté, levantando la cabeza hacia Alice.

—De que la mierda está a punto de salpicarte —me advirtió—. Y de que lo que se te viene encima en cuanto descubran quién eres va a ser mucho peor que un artículo con el que rellenar una columna en la última página del periódico.

—El documento de confidencialidad —trató de aclarar Angela al reparar en mi mirada confusa—. Alice, Jessica y yo ya lo hemos firmado. Tú también tienes que hacerlo.

sábado, noviembre 10, 2012

Adelanto MAS: Capítulo 17. La fiesta

Alargó su mano para trazar el contorno de mi cintura con sus dedos. Aguanté la respiración, mientras sentía el tacto fantasmal de su mano recorrer mi cuerpo por encima de la tela del vestido. Y justo cuando estaba convencida de que iba a dejarse de preliminares para aferrar mi cintura con fuerza, retiró el brazo en un movimiento inesperado. 

—¿No tenías nada mejor que ponerte? —preguntó, mientras una sonrisa canalla revoloteaba en sus labios— ¿O es que pretendes lanzarme un mensaje subliminal?

—Día de colada. No encontré nada más en el armario y tuve que conformarme con esto —mentí descaradamente.

Lo cierto es que ese vestido era, con diferencia, lo mejor que tenía en el armario. Pero llevaba asociados demasiados recuerdos —los probadores de Saks, la fiesta de cumpleaños de Edward, el modo en que me lo quitó lentamente en la suite esa noche—, así que había preferido no volver a ponérmelo.

Hasta esa noche. Y ni siquiera sabía porqué lo había hecho. Puede que realmente estuviera tratando de enviarle un mensaje subliminal a Edward y ni siquiera yo me había dado cuenta de ello.

—Pues déjame decirte que te sienta demasiado bien —dijo, inclinándose sobre mí para susurrar unas cuantas palabras más en mi oído—. Esta noche estás preciosa.

Cerré los ojos, dejándome envolver por su calor y por su cercanía. Si hacía un esfuerzo de imaginación, podía borrar ese maldito anillo de compromiso y pensar que Edward era solo para mí.

Escuché con claridad como tomaba aire para hablar de nuevo, probablemente con la intención de relatarme con todo lujo de detalles cómo planeaba deshacerse de ese vestido. Pero no lo hizo. Mantuvo el aire en los pulmones durante un par de segundos eternos y luego lo dejó escapar lentamente.

Se estaba reprimiendo. Abrí los ojos y confirmé mis sospechas al contemplar su expresión, súbitamente contenida. Cualquier rasgo de diversión o provocación había desaparecido de su rostro y supe que estaba haciendo un esfuerzo por mantener las cosas entre los dos bajo control. Por no hacer de esa noche algo más difícil de lo que ya era de por sí.

Y eso me hizo caer rendida a sus pies un poco más.

—No sabes cuánto me cuesta contenerme cuando estoy a tu lado —confesó en un murmullo quedo.

jueves, octubre 25, 2012

Adelanto MAS: Capítulo 16. La sorpresa

—¿Y qué importa lo que Edward haya planeado? —exclamó de repente, perdiendo toda su compostura y alzando los brazos al aire en un gesto exasperado— ¡Por el amor de Dios, Bella! ¿Le va a pedir matrimonio a otra y a ti lo único que te preocupa es que ese momento sea perfecto? 

Me volví hacia ella, encarándola con furia. Sentía la sangre palpitar con fuerza en mis venas. No tenía ni idea de nada de lo que estaba ocurriendo y, aún así, se permitía el lujo de darme sermones cuando nadie le había pedido su opinión. 

—En cualquier otra situación, me importaría menos que una mierda, Angela —dije, tratando en vano de mantener mi voz y mis emociones bajo control—. Pero da la casualidad de que esa maldita petición de matrimonio es una parte fundamental de la fiesta que yo me encargo de organizar. Es mi trabajo, Angela. Y aún me queda el orgullo suficiente como para querer hacerlo bien. No voy a dejar que una niñata consentida eche por tierra todo el esfuerzo y todo el trabajo de un mes.

—Pero… 

—Angela —la interrumpí, alzando la mano—, déjalo. Déjame unos minutos a solas. Por favor —añadí, al ver que no parecía dispuesta a rendirse. 

Ella me observó durante un par de segundos y finalmente se dio por vencida. 

—Está bien —dijo, caminando hacia la puerta, pero cuando agarró el picaporte, se dio la vuelta para decir algo más antes de irse—. Sólo espero que aprendas a poner tus necesidades por delante de las de Edward. Si no lo haces, va a acabar contigo. 

El consejo llegaba demasiado tarde. Hacía tiempo que Edward Cullen ya había terminado conmigo y esa noche tan sólo iba a rematarme un poco más.

martes, octubre 09, 2012

Adelanto MAS: Capítulo 15. El piano


Aparté la mirada, clavándola sobre las teclas blancas y negras. No podía evitar sacar ese tema de conversación constantemente. Aunque luego me sintiera como una mierda.

—He visto las fotos —murmuré por lo bajo, con la mirada aún fija sobre el piano.

—Todo Chicago las ha visto —fue su cautelosa respuesta.

—Por lo visto has estado bastante ocupado estos días. Supongo que eso explica que me hayas dejado tranquila. Te lo agradezco.

Escuché su risa entre dientes, pero aún así continué con mi firme propósito de no mirarle. Me facilitaba mucho las cosas.

—¿Me echabas de menos? —preguntó, divertido.

—Ahora mismo te echo de más.

No quería responder. Porque responder significaba decir la verdad, y decir la verdad implicaba admitir que sí, que le había echado de menos y que ni siquiera me sentía mal por ello.

—¿Quieres irte? —preguntó de improviso y su voz sonó repentinamente seria.

—No —respondí con sinceridad.

Dejé que el silencio cayera sobre los dos, pero él no parecía soportarlo, porque poco después volvió a hablar.

—Lo de las fotos fue idea de Rosalie. Yo no…

—¿Te estás justificando? —le corté, levantando la mirada hacia él.

Me observaba con los labios apretados en una fina línea. Mechones de pelo rebeldes le caían sobre la frente y aunque el salón se encontraba tan sólo iluminado por la luz que entraba desde el pasillo, podía adivinar su mueca dura. Aquella conversación era uno de esos momentos en los que sentía cómo el control se le escapaba entre los dedos.

Se sentía incómodo. Lo sabía por su mueca crispada y por la tensión que emanaban todos los músculos de su cuerpo. Pero aún así continuaba ahí, sentado sobre el banco del piano y sin intención de irse o de obligarme a hacerlo yo.

Y eso era más de lo que me había dado nunca.

—No —respondió al cabo de unos segundos—. Pero quiero ser sincero. Como lo he sido desde el primer día.

domingo, julio 15, 2012

Adelanto MAS: Capítulo 13. El cumpleaños

—¿Quieres un consejo? —murmuró Jacob en voz baja después de un prolongado silencio.

—¿Que me beba una botella más de champán y busque un rincón oscuro para enrollarme contigo? 

Jacob rió entre dientes.

—Aparte.

Me volví de nuevo hacia él. En sus labios bailaba una blanca sonrisa, pero no era burlona, ni condescendiente. No era ni siquiera un “tú te lo has buscado”. Era comprensiva y, de repente, sentí mis piernas flaquear. Tenía ganas de llorar como no lo había hecho en años.

—Aléjate de él —volvió a murmurar—. Te va a hacer daño.

Bajé la mirada, parpadeando rápidamente para mantener mis emociones bajo control. Porque si abría las compuertas, si dejaba que la primera lágrima se escapara, iba a ser imposible parar.

—¿Sabes lo peor de todo? —pregunté en un susurro apenas audible, volviendo a alzar la mirada para clavar mis ojos sobre los suyos—. Que ya me lo ha hecho.

jueves, junio 28, 2012

Adelanto MAS: Capítulo 12. La resaca

—¿Pensando en tu clase de piano?


Una sonrisa involuntaria se dibujó en mis labios al escuchar su voz. Me sorprendía que mi mente fuera capaz de reproducirla con tanto detalle, pero entonces caí en la cuenta de que aquello no había sido fruto de mi imaginación.

Alcé la mirada para encontrarme con la sonrisa torcida de Edward Cullen y con el propio Edward Cullen apoyado contra la puerta de mi despacho.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, incapaz de ocultar la sorpresa en mi voz.

Le observé con total descaro, como si quisiera comérmelo con los ojos. Y, ciertamente, su apariencia resultaba más que apetecible. Ese día llevaba un traje de color azul marino, a juego con su camisa, y sus ojos parecían brillar con la promesa de que algo bueno estaba por venir. Aunque bueno, en el diccionario de Edward Cullen, no siempre significaba lo mismo para mí.

—Tengo una petición más que hacer para la fiesta.

Entorné los ojos con cautela.

—¿Entonces por qué estás aquí y no en el despacho de Victoria?

Él se limitó a hundir las manos en los bolsillos del pantalón y encogió los hombros con indiferencia.


—Vuelves a encargarte de la fiesta.

Aquello tenía que ser una broma de mal gusto. Porque si había una manera, una sola manera de joder el recuerdo perfecto de la noche anterior, era que Edward se presentara en mi despacho y diera por hecho que volvía a trabajar para él. Sin preguntar. Sin proponer. Sin tomar en consideración que, tras su despido fulminante, puede que me quedara aún un poco de dignidad para negarme.

Pero, ¿por qué iba a importarle lo que yo pensara? Era Edward Cullen. El mundo entero existía con el único propósito de hacer de su vida algo llevadero y fácil.

Una lástima que esa tarde yo no me sintiera especialmente complaciente.

—No voy a volver a trabajar para ti —dije de forma tajante, clavando mis ojos sobre los suyos para reafirmar mi determinación—. Y ni siquiera te diré que lo siento porque sería mentir.

—¿Disfrutas llevándome la contraria? —quiso saber él, al tiempo que se cruzaba de brazos.

—No te haces una idea.

—Entonces espero que recuerdes que yo no soy de los que aceptan un ‘no’ por respuesta —descruzó los brazos y cubrió la distancia que le separaba de mi escritorio con movimientos lentos; apoyó ambas manos sobre la superficie de madera y la mirada que me lanzó pareció enviarle un mensaje directo a todas mis terminaciones nerviosas—. Y créeme, Isabella, puedo ser muy persuasivo.

lunes, junio 11, 2012

Adelanto MAS: Capítulo 11. La borrachera

Los muelles del colchón crujieron bajo mi peso cuando, de forma casi inconsciente, me acerqué a él, borrando casi por completo la distancia prudencial que nos separaba. Odiaba tenerle tan cerca y, al mismo tiempo, sentirle tan lejos. Me coloqué a unos cuantos centímetros de él, lo suficientemente cerca como para poder acompasar el ritmo de mi respiración a la suya. Me moría de ganas por tocarle, pero el pequeño arrebato de valentía se desvaneció tan rápido como había aparecido, por lo mantuve las manos quietas sobre mi regazo.

—Quédate.

La palabra quedó colgando entre los dos, pero no encontré en mí el sentido común suficiente como para arrepentirme de mi breve momento de debilidad. Quería que se quedara y, por una vez, estaba dispuesta a ser sincera.

—No puedo —fue su única respuesta.

—¿Entonces por qué no te has ido ya?

Apenas podía distinguir su rostro. La habitación estaba prácticamente a oscuras y la única luz que se colaba débilmente desde el pasillo no era suficiente.

—Porque todavía no has respondido a mi pregunta —murmuró.

—No lo voy a hacer —respondí con determinación—. Ya he arriesgado demasiado esta noche. Necesito algo de tu parte.

—¿Qué quieres que haga?

Escuché su voz susurrar esa pregunta, casi como un signo de rendición. Me alarmé al captar el matiz de derrota en sus palabras, pero no podía ser. Tenía que estar imaginándomelo. Porque Edward nunca perdía. Él siempre asumía el control y yo no era lo suficientemente fuerte como para manejar la situación. Tenía que ser él quien lo hiciera.